Recorrimos tanto camino que ya no queda mucho por hacer,
pensar, intuir sino,como quien se siente quizás herido pero libre seguir
entregando lo que pareciera que nunca acaba.
No quedaron muchas puertas para abrir, ni senderos que nos
marquen otro itinerario, sólo quedó el Ser frente a la estrecha puerta que las
religiones nos enseñaron a creer y aún no sabemos con certeza de qué se trata.
Pero más allá del encuadre que cada uno quiera agregarle, hay una línea delgada
y sutil que separa lo que fuimos con lo que sentimos que somos ahora.
Habernos formado en una sociedad donde vivimos para el
afuera, donde los prejuicios nos sentenció y los valores tienen al ego
queriendo imponer su verdad única, nos sitúa en un trayecto más difícil de
transitar al observar que todo lo que formó parte de nuestra vida pierde la
sustancia categórica de un afuera infalibre que le pusimos siempre y pasa a ser
sólo un anexo a nuestro interior que dependerá de nosotros la nueva visión que
queramos darle.
Y acercarnos cada vez más al desinterés de lo que fue
nuestro liev motiv durante mucho tiempo genera sensaciones encontradas al
advertir lo hermosamente triste que terminó siendo. Podemos si queremos ,
seguir intentando resignificar cada paso que dimos dando uno nuevo que nos
lleve por senderos de mayor libertad e independencia, pero estar insertos en la
misma sociedad que poco cambió, nos puede generar el interrogante de
pensar como será de ahora en más lo que viviremos.
La sabiduría del ser no la da ningún libro, dogma, religión
ni experiencias ajenas, porque siempre estuvo pero, para poder verla. fue
necesario morir muchas veces hasta hartarnos y hacer el CAMINO DE VUELTA para
poder descubrirnos en nuevas actitudes, pensamientos y
sentimientos.
Nadie externo nos puede dar la felicidad que buscamos porque
seguiremos depositando en ese afuera las condiciones que tenemos en nuestro
interior. Si fue necesario mucho dolor, mucho sufrimiento sintiendo que estábamos abandonados hasta en el Dios en el cuál creíamos, fue porque era la única manera
de que esas aptitudes pudieran salir a la luz de la conciencia.
El SER tenía que rescatarse de sí mismo, de sus propias
sombras que lo llevaron al desconocimiento de quien era en realidad. Y
aunque sintamos que la vida nos arrolla al vivenciar nuevamente cada
dolor que sentimos desde pequeños, no confiemos ni dejemos de confiar, no
creamos ni dejemos de creer, sólo dejemos que se siga manifestando la esencia
del alma de la manera en que desea a través del cuerpo y la mente.
El SER , así como el Universo, la vida y Dios no necesita de
acompañamientos para encontrar la salida, lo único que requiere es el poder
SER dejando fluir lo que tiene permanentemente: el AMOR . Si seguimos
tapando con los miedos, las certezas que necesitamos tener desde nuestro campo
es probable que nos sigamos enredando en nosotros mismos haciendo cada vez más
estrecha una puerta que sólo está en nuestra mente.
El camino de retorno es volver a nacer con lo
adquirido pero purificado de una forma tal que en vez de ser el obstáculo que
nos llevó por los mejores y peores caminos sea la dulce compañía desinteresada,
leal y noble que se une al recorrido final a la esencia
y morada infinita de Dios.
